jueves, 14 de abril de 2016

Sobre los hitos de la República

En un día como el de hoy, 14 de abril, se ven alzadas muchas banderas republicanas y clamos por una nueva República. El día es recordado por su pasado histórico ya que hoy, hace 85 años, se encontraba proclamándose la II República en España. Con este hecho las calles acogieron un gentío con inminente asombro y celebración; había mucha esperanza en un nuevo proyecto de transformación social y político donde incluso el movimiento obrero, que estaba en el plano sindical y desde fuera de las instituciones, en cierta medida acogió esta elección en un primer momento. No obstante, el trascurso de la etapa republicana deja detalles más curiosos que examinar.

Algo que nunca se señala pero que es muy destacable a la hora de hablar de la república fue su defensa a ultranza del orden burgués. En su intento por contentar a la burguesía abandonaron las medidas más socialistas que pretendían los más desfavorecidos, intentando cercenar la lucha tan viva que mantenía el movimiento obrero. Tal fue su empeño que en 1932 Ángel Galarza, director general de Seguridad de la República y, Maura, ministro de Gobernación crean la Guardia de Asalto, un cuerpo especial armado con una porra de cuero de 80 cm y un revólver se convirtieron en uno de los cuerpos más duros del Estado. Esta nueva fuerza de seguridad se sumaba  a la ya habitual odiada Guardia Civil, que por supuesto Maura se negó a disolver como así lo pretendía una amplia mayoría de la sociedad civil. Tampoco cumplieron con su compromiso de disolver el Sometement, grupo reaccionario encargado de reprimir a sindicalistas. Además, no dudaron en utilizar al ejército en la lucha en las calles. Durante la República la represión y brutalidad policial contra los obreros continuó con total impunidad. Palizas desproporcionadas y asesinatos a sindicalistas mostraban que los anhelados cambios debían esperar.


En Barcelona el ayuntamiento fundó la Brigada per a la Represió de la Venta Ambulant, los cuales limpiaban el puerto de gente maleante y mendigos. La represión hacia los parados creció de forma exponencial con las nuevas leyes de la Ley de Defensa de la República, Ley de Orden Público y especialmente con la Ley de Vagos y Maleantes. Esta ley debe ser estudiada en profundidad para entender el carácter notoriamente reaccionario de la II República. La Ley de Vagos y Maleantes buscaba no sólo castigar al obrero concienciado, sino criminalizar con carácter preventivo  a gran parte de la clase obrera por considerarla peligrosa para sus intereses. Para ello contemplaba la creación de campos de concentración al estilo de la Alemana nazi que con total incoherencia condenaba el gobierno pseudo progresista. En estos campos de trabajo fueron apresados desde sindicalistas que repartían panfletos, hasta vendedores ambulantes, pasando por vagabundos (o personas que lo parecieran), discapacitados o personas de alta edad que se encontraban por la vía pública. Esta ley clasista digna de los gobiernos más fascistoides es uno de los elementos que no se mencionan cuando se vanagloria el recuerdo de la II República.


Podríamos entrar en algunos ejemplos como la matanza de Casas Viejas con la carta blanca literaral del presidente Azaña, de la represión en las huelgas del 34 en el Alt Llobregat o de todos esos ejemplos que llenaron las cárceles de la República y que hizo que ésta tuviera que verse obligada a emplear barcos como cárceles añadidas. Todo esto no nos hace más que demostrarnos la imposibilidad de que las pretensiones del movimiento obrero triunfen bajo un Estado, por muy progresista o revolucionario que se autoconsidere. La emancipación de l@s obrer@s será por l@s obrer@s mismas o no será. Por ello, rechazamos la vía institucional que siempre nos traiciona y no sirve a nuestros intereses.

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